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El regreso a la competición del culturismo gracias al CrossFit
Jenn Hunter trabaja como monitora de yoga y pilates, y también como entrenadora personal certificada de nivel I en CrossFit. Una de sus pasiones dentro de la actividad física se aleja de la funcionalidad que defiende CrossFit, ya que Jenn practica el culturismo a nivel competitivo, pero gracias a su experiencia ella es capaz de hacer que ambas filosofías sean perfectamente compatibles.

La relación de Jenn Hunter con el entrenamiento físico comenzó en su época de Universidad. Tras superar con éxito una grave enfermedad autoinmune, a Jenn le quedaron como secuelas de la medicación casi 20 quilos de más, y un gran cansancio y frustración. Comenzó a hacer dieta y a acudir a un gimnasio femenino, y cuando se sintió segura de sí misma pasó a otro gimnasio mayor, donde un entrenador se interesó por ella y le propuso competir como culturista. Jenn aceptó enseguida. Como principiante, Jenn acataba las órdenes y consejos que otros le daban, vinieran de donde vinieran, sin importar cómo se sintiera ella. Lo único que le interesaba era la imagen de sí misma que le devolvía el espejo, que llegó a convertirse en una obsesión. Pasaba horas y horas sobre la bicicleta elíptica o la máquina de subir escaleras, y realizó miles de ejercicios de cable cruzado, extensiones de piernas, flexiones de bíceps, y elevaciones laterales, segura de que así alcanzaría su objetivo de manera más rápida. Entrenaba más de tres horas al día, y su dieta seguía escrupulosamente las reglas de un culturista: grandes cantidades de proteína, cantidades moderadas de carbohidratos complejos, y poca o ninguna grasa. Y por supuesto, antes y después de los ejercicios, tomaba batidos de proteínas. Sin embargo, cuando llegó el momento de la competición toda aquella preparación no logró evitar que Jenn sufriera las consecuencias del abuso físico y psicológico al que estaba sometiendo a su cuerpo, trabajando a tiempo parcial, y estudiando y entrenando a la vez. Comenzó a sufrir crisis y desvanecimientos a causa de la falta de carbohidratos, y a mostrarse irritable y de mal humor. A pesar de todo, tanto esfuerzo, parecía estar dando sus frutos. Jenn comenzó a obtener buenos resultados en las competiciones de culturismo. Eso le llevó a conceder menos importancia a los efectos secundarios de su método de preparación, tales como las lesiones por sobreentrenamiento, desarreglos intestinales debidos a las dietas, y constantes cambios de humor. Su médico le recomendó seriamente que dejara el culturismo, ya que las dietas continuadas amenazaban con dañar gravemente su salud. Cada vez le resultaba más difícil mantener el peso después de cada competición, y empezaba a sentirse frustrada con los resultados que obtenía. Dejó de competir durante un tiempo, y fue entonces cuando conoció CrossFit a través de su prometido. Al principio se mostró reticente, pero cuando probó unos cuantos ejercicios los resultados la sorprendieron. Las rodillas dejaron de dolerle, sus hombros se volvieron más fuertes, su apariencia mejoró y se sentía mejor que nunca. Desde entonces no ha dejado de practicar CrossFit. Obtuvo la certificación como entrenadora de nivel 1, y fue entonces cuando pensó en compaginar CrossFit con la dieta hiperproteica (también llamada Dieta del Paleolítico) como método de preparación para competir en Culturismo. Para su vuelta a la competición Jenn siguió el método CrossFit, ajustando su dieta durante las dos últimas semanas a las normas que rigen en el culturismo. Con esta técnica, Jenn obtuvo la primera posición en su rango de peso, y resultados muy satisfactorios en otras pruebas clasificatorias. Sin duda, en el caso de Jenn Hunter, CrossFit ha marcado la diferencia.
La relación de Jenn Hunter con el entrenamiento físico comenzó en su época de Universidad. Tras superar con éxito una grave enfermedad autoinmune, a Jenn le quedaron como secuelas de la medicación casi 20 quilos de más, y un gran cansancio y frustración. Comenzó a hacer dieta y a acudir a un gimnasio femenino, y cuando se sintió segura de sí misma pasó a otro gimnasio mayor, donde un entrenador se interesó por ella y le propuso competir como culturista. Jenn aceptó enseguida. Como principiante, Jenn acataba las órdenes y consejos que otros le daban, vinieran de donde vinieran, sin importar cómo se sintiera ella. Lo único que le interesaba era la imagen de sí misma que le devolvía el espejo, que llegó a convertirse en una obsesión. Pasaba horas y horas sobre la bicicleta elíptica o la máquina de subir escaleras, y realizó miles de ejercicios de cable cruzado, extensiones de piernas, flexiones de bíceps, y elevaciones laterales, segura de que así alcanzaría su objetivo de manera más rápida. Entrenaba más de tres horas al día, y su dieta seguía escrupulosamente las reglas de un culturista: grandes cantidades de proteína, cantidades moderadas de carbohidratos complejos, y poca o ninguna grasa. Y por supuesto, antes y después de los ejercicios, tomaba batidos de proteínas. Sin embargo, cuando llegó el momento de la competición toda aquella preparación no logró evitar que Jenn sufriera las consecuencias del abuso físico y psicológico al que estaba sometiendo a su cuerpo, trabajando a tiempo parcial, y estudiando y entrenando a la vez. Comenzó a sufrir crisis y desvanecimientos a causa de la falta de carbohidratos, y a mostrarse irritable y de mal humor. A pesar de todo, tanto esfuerzo, parecía estar dando sus frutos. Jenn comenzó a obtener buenos resultados en las competiciones de culturismo. Eso le llevó a conceder menos importancia a los efectos secundarios de su método de preparación, tales como las lesiones por sobreentrenamiento, desarreglos intestinales debidos a las dietas, y constantes cambios de humor. Su médico le recomendó seriamente que dejara el culturismo, ya que las dietas continuadas amenazaban con dañar gravemente su salud. Cada vez le resultaba más difícil mantener el peso después de cada competición, y empezaba a sentirse frustrada con los resultados que obtenía. Dejó de competir durante un tiempo, y fue entonces cuando conoció CrossFit a través de su prometido. Al principio se mostró reticente, pero cuando probó unos cuantos ejercicios los resultados la sorprendieron. Las rodillas dejaron de dolerle, sus hombros se volvieron más fuertes, su apariencia mejoró y se sentía mejor que nunca. Desde entonces no ha dejado de practicar CrossFit. Obtuvo la certificación como entrenadora de nivel 1, y fue entonces cuando pensó en compaginar CrossFit con la dieta hiperproteica (también llamada Dieta del Paleolítico) como método de preparación para competir en Culturismo. Para su vuelta a la competición Jenn siguió el método CrossFit, ajustando su dieta durante las dos últimas semanas a las normas que rigen en el culturismo. Con esta técnica, Jenn obtuvo la primera posición en su rango de peso, y resultados muy satisfactorios en otras pruebas clasificatorias. Sin duda, en el caso de Jenn Hunter, CrossFit ha marcado la diferencia.
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